jueves, 27 de marzo de 2025

Previa a la sesión

 

Mi sumisa,

Antes que nada, prepárese como le digo para su próxima sesión: cuando llegue el día, quiero verla con anteojos de ver, pollera corta y camisa blanca. Así la estoy imaginando mientras escribo esto, tímida con el pelo atado pensando en cómo voy a empezar. Hace rato que no la tengo cerca, y esa espera ya me pone ansioso. Esta carta es para que se prepare en cuerpo y alma, porque la próxima sesión va a ser especial, de esas que quedan grabadas. Este espacio, es un momento nuestro, y quiero que lo sienta con cada palabra que lea, que se le acelere el pulso pensando en lo que puede pasar.

Cuando lleguemos a la sala manténgase en silencio escuchando mi primera orden. Mis ojos la van a buscar, suaves pero firmes, como siempre que la miro y sé que es mía. Voy a empezar por su cuello, mirándolo despacio, siguiendo esa línea que se tensa cuando respira hondo, imaginando ya cómo va a temblar bajo mi tacto. Después bajaré a sus pechos, deteniéndome ahí, viendo cómo se excitan, cómo se dibujan bajo esa camisa blanca . Seguiré más abajo, observando su sexo, sin apuro, dejando que se pregunte qué pienso, qué quiero, estaré observando su vergüenza, esa parte que sé que la hace sonrojar —la voy a mirar con calma, con deseo y con una intensidad que la va a dejar sin aire, preguntándose cuándo voy a actuar.

Y entonces me acerco, pero no le digo nada todavía. Mis manos van a empezar suaves, casi un susurro contra su piel. Rozaré su cuello primero, lento, pausado, dejando que cada roce la haga desear más, que sienta cómo mis dedos dudan antes de apretar un poco, solo lo justo para que se estremezca. Bajaré a sus pechos, tocándolos con una calma que la va a desesperar, acariciando por encima de la tela, insinuando sin dar todo, haciéndola imaginar qué pasa si sigo. Cuando llegue a su sexo, voy a ser intenso pero medido, un toque firme que la sorprenda, que la deje queriendo, y luego me voy a detener, dejando que el silencio la coma por dentro. Su vergüenza me excita, la voy a rozar apenas, con una suavidad que la va a poner nerviosa, porque no sabrá si voy a ser dulce o si voy a cambiar el juego.

Sin aviso, voy a subir la apuesta. Un roce más fuerte en su cuello, una caricia pausada pero profunda en sus pechos, un contacto intenso en su sexo que la haga jadear, y cada insinuación va a ser un nudo más en su cabeza. Le pedire que se arrodille y me dé placer, quizás antes la ate o quizás le pida que se quite la bombacha, me dará placer ¿vestida o desnuda? no se son cosas que ira descubriendo sobre la marcha . Mis ojos no la van a soltar mientras lo hace, y si titubea, si se pierde, si se pone vainilla, le voy a dar unos azotes —no brutales, pero sí precisos, que le dejen la piel marcada, un rojo suave que pueda sentir después.

Si se porta bien, si me mira con esos ojos que me encantan y me da lo que le pido, la dejare rogar. Quiero esa voz temblando, esos ojos pidiéndome algo, esa entrega que se le escapa mientras se pregunta si voy a ceder o si la voy a hacer esperar más. Y cuando sienta que esta lista y que sus suplicas la van a hacer explotar, le voy dar placer —lento, profundo, llevándola al borde sin apuro. No le digo cómo —puede ser un beso que la estremezca, mis manos apretando justo donde sabe, un azote más suave que la sorprenda—, que lo piense, que se muera por saberlo -, o quizás lo que ud. tan insistentemente me va a pedir, a esta altura ud querrá que la penetre?.

Pero para esta sesión tengo un pedido especial, desde este momento, me complacería mucho que no se toque. Ni ahora, ni mañana, ni hasta que llegue el día. La quiero con todo guardado, con la cabeza dándole vueltas, el cuerpo ansioso, lista para mí y para nadie más. Que cada vez que le den ganas piense en la recompensa, lea esto sienta que está más cerca.

Dígame, mi sumisa, ¿podrá cumplir lo que le pido? Prepárese, porque voy a tomarla con todo lo que siempre desea, pero lo voy a hacer como a mi me plazca, y quiero que tiemble de ganas de solo pensarlo.

Espero con ansias el dia de la sesión, Su señor

miércoles, 5 de febrero de 2025

Capitulo 27

El sonido de la lluvia sobre las ventanas la despertó suavemente. Bel se estiró perezosamente bajo las sábanas, disfrutando unos segundos más de la calidez de la cama. Desde afuera llegaba el susurro de la ciudad bajo el agua. Día perfecto para quedarse en casa… lástima que no puedo, pensó con una sonrisa resignada.

El aroma del café llenó la cocina mientras revisaba su lista mental de pendientes. Los pedidos de chocolates seguían acumulándose y el negocio iba mejor que nunca. Entre sorbos, el teléfono vibró sobre la mesada.

—Buen día, dormilona —decía el mensaje de su novio, acompañado de un emoji sonriente—. ¿Hoy vas a sacar el paraguas o prefieres que te rescate?

Bel sonrió, aunque con cierta melancolía. —Con lluvia y mucho trabajo, pero sobrevivo. ¿Vos? —le respondió mientras mordía una tostada.

Quiero verte. ¿Almorzamos juntos? —llegó enseguida la respuesta.

Obvio. Pero ya te advierto que hoy hay caos en la cocina.

El resto de la mañana pasó entre el aroma a chocolate derritiéndose, las ollas burbujeando y el eco constante de los cuchillos al picar nueces. Bel se sumergió en su rutina como si con cada mezcla y molde pudiera apagar los pensamientos que rondaban su cabeza. Todo parecía estar en orden… hasta que no lo estaba. Había algo en el ambiente, en ella misma, que seguía removiendo inquietudes. Tal vez eran los sueños. Tal vez era ese recuerdo persistente de NC, siempre a la sombra de todo.

Su novio llegó justo a tiempo, cargando una bolsa de papel con comida.

—Sabía que no ibas a tener tiempo de cocinar —le dijo, dejando el paraguas empapado en la entrada. Sacó empanadas y una ensalada de la bolsa.

—Me salvaste la vida. —Bel le dio un beso y preparó la mesa.

Comieron entre conversaciones ligeras. Él le preguntó por la tienda, por sus ideas de expansión, pero estaba distraído. Cada tanto, el teléfono sonaba y Bel notaba cómo él se desconectaba del momento. Ella intentó hacerle una broma, proponiéndole un juego para encender un poco la chispa entre ambos.

—¿Y si este fin de semana hacemos algo loco? —sugirió, con una mirada cómplice.

—¿Loco? ¿Cómo qué? —preguntó él, distraído.

—No sé, algo que nos vuele la cabeza, salir de la rutina…

—Sí, puede ser… —respondió sin mucho entusiasmo, volviendo a revisar su celular.

Bel suspiró para sus adentros. Lo quería, pero la chispa que seguía ausente. A veces sentía que hablaban en idiomas distintos.

Después del almuerzo, se sentaron en el sillón para ver una película. Eligieron una comedia ligera, de esas que te sacan sonrisas sin hacer mucho esfuerzo. La lluvia seguía golpeando suavemente las ventanas, creando una atmósfera perfecta para acurrucarse bajo la manta. Bel dejó que la calidez del momento la envolviera, pero su mente no paraba de divagar. Las imágenes de Sofía, el libro y NC seguían ahí, como fantasmas que no se resignaban a desaparecer.

Cuando la película terminó, su novio se despidió con un beso rápido. Tenía que madrugar, como siempre.

—¿Seguro que no querés que me quede? —preguntó con ternura.

Bel negó con la cabeza. —No, anda tranquilo. Tengo que terminar unas cosas. Nos vemos mañana.

Cerró la puerta detrás de él y se quedó un momento en silencio, mirando la lluvia a través del cristal. 

Más tarde, después de un baño caliente que la relajó por completo, se arropó con su pijama favorito y se recostó en la cama. Decidió ver una serie que le encantaba, cargada de escenas sensuales y de un erotismo sutil. La protagonista tenía una intensidad en la mirada que le recordó a Sofía. ¿Por qué me haces pensar en vos ahora?, se preguntó con una sonrisa tímida.

El cansancio empezó a vencerla poco a poco. Cerró los ojos y dejó que el sonido de la lluvia la arrullara.

El sueño comenzó con una intensidad abrumadora. Bel estaba de pie, desnuda y atada con las manos hacia arriba, sostenida por sogas que colgaban del techo, Sus piernas estaban abiertas y sus pies separados por una barra, exponiendo todo su sexo. La sala en la que se encontraba estaba decorada con terciopelo carmesí y columnas doradas. El aire era espeso, cargado de un aroma embriagador a flores exóticas y especias. Las luces suaves proyectaban sombras en las paredes, y una música lenta y sensual resonaba en el ambiente.

Frente a ella, Sofía apareció, caminando con una gracia casi etérea. Su piel blanca brillaba bajo la luz, y cada movimiento que hacía parecía parte de un ritual cuidadosamente coreografiado. Estaba completamente desnuda, pero no parecía tener ni un ápice de vergüenza. Todo en ella irradiaba una sensualidad natural, como si el espacio hubiera sido creado solo para adorarla. Su cabello oscuro caía atado con una coleta sobre su espalda, y sus ojos brillaban con una mezcla de deseo y misterio.

NC, con su presencia dominante, apareció tras Sofía. La observó detenidamente, recorriendo cada centímetro de su cuerpo con una mirada que lo abarcaba todo. Se acercó despacio, sus manos comenzaron a explorar el contorno de su cintura, sus caderas, su cola perfecta para luego subir suavemente por su espalda hasta su rostro. Sofía cerró los ojos y arqueó ligeramente el cuerpo, dejándose llevar por cada caricia.

Bel sentía una mezcla de envidia y fascinación al ver la conexión entre ellos. Cada gesto era elegante, lleno de complicidad y entrega. NC se detuvo detrás de Sofía, deslizando sus dedos por el cuello de ella, siguiendo el camino hasta sus hombros y bajando lentamente por sus costados hasta acariciar su entrepierna. El tacto era cuidadoso pero firme, como si estuviera esculpiendo una obra de arte viva.

Los labios de NC rozaron la oreja de Sofía mientras le susurraba algo que Bel no pudo escuchar. Sofía sonrió, una sonrisa serena y llena de placer. Sus manos, a su vez, buscaron el sexo de NC, acariciándolo con la misma devoción. Era como si ambos se entendieran en un lenguaje secreto, uno que Bel había  reprimido durante años.

De repente, NC giró la cabeza y dirigió su mirada hacia Bel. Sus ojos claros la atravesaron como un rayo, despertando en ella todos los deseos que había intentado enterrar. Sin soltar a Sofía, caminó lentamente hacia donde estaba ella. Su figura proyectaba una sombra larga, elegante, que se movía en perfecta sincronía con él.

Se detuvo detrás de Bel, sus manos encontrando su cintura, mientras sus labios rozaban suavemente la curva de su cuello. Bel cerró los ojos, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba, no de miedo, sino de expectación. La sensación de estar atada, de no poder moverse, la llenaba de una entrega absoluta.

“Siempre has sido mía,” susurró NC, mientras una de sus manos descendía por su vientre en un movimiento lento y controlado. La otra acariciaba su sexo, reafirmando la posición de vulnerabilidad en la que se encontraba. Bel dejó escapar un gemido suave, la excitación invadiendo cada fibra de su ser. Podía sentir el calor de su cuerpo contra el suyo, cada respiración sincronizándose con la de él.

Sofía se acercó, sus ojos brillando con una complicidad que Bel no esperaba. Posó una mano sobre el rostro de Bel, acariciándole la mejilla con ternura. “Persigue tus deseos,” dijo en un tono casi hipnótico, palabras que parecían resonar en todo el espacio.

Bel se estremeció, sintiendo cómo el torbellino de sensaciones la atrapaba. NC se posicionó detrás de ella, sus movimientos suaves pero firmes, reclamándola como solo él sabía hacerlo. En ese instante, no existía nada más en el mundo. El tiempo se detuvo en un espacio donde lo prohibido se convertía en belleza, donde el placer era una forma de rendición total.

“Cuenta…” susurró NC, en una orden suave pero innegable.

Bel comenzó a contar, su voz temblorosa pero obediente. Cada número era un paso más profundo en la entrega, en el abandono de sí misma a ese mundo que había intentado olvidar. Sentía cada roce, cada caricia, como una reafirmación de su identidad oculta. Sofía la observaba con una mezcla de admiración y deseo, como si fuera parte de una ceremonia sagrada.

Justo cuando alcanzó el número diez, el sueño se desvaneció abruptamente. Bel despertó de golpe, el sudor perlaba su frente y su respiración estaba agitada. Miró a su alrededor, desorientada, mientras el sonido distante de la ciudad regresaba lentamente a sus sentidos.

El libro seguía en la mesita de noche, sereno pero lleno de promesas. Bel se abrazó a sí misma, sintiendo todavía el calor de las manos de NC en su piel. Las palabras “Persigue tus deseos” y “Siempre has sido mía” resonaban en su mente. No podía escapar de esos mensajes, de esos recuerdos que ahora la reclamaban con más fuerza que nunca.

Suspiró profundamente y se dejó caer nuevamente sobre la almohada. Sabía que el sueño no era una simple fantasía; era un recordatorio, una puerta que estaba cada vez más cerca de abrir.

sábado, 1 de febrero de 2025

Capitulo 26

El sol del mediodía entraba tímidamente por las cortinas del living. Bel se sentó en el sillón con el libro entre las manos, resignada pero curiosa. Había llegado a un punto en el que las señales y sueños ya no podían ser ignorados. Con un suspiro profundo, abrió la tapa y dejó que sus ojos se deslizaran por las primeras páginas. Las ilustraciones que adornaban los márgenes eran extrañamente familiares: un castillo, un sillón de madera con grabados en forma de iniciales, cadenas que se entrelazaban con delicadeza. Los textos, escritos en una caligrafía antigua, describían encuentros cargados de tensión, sensualidad y sumisión.

Página tras página, Bel no podía dejar de asombrarse. Las escenas relatadas eran demasiado similares a las que había vivido con NC. Todo parecía escrito a propósito para ella, como si alguien la hubiera estado observando en secreto durante aquellos años intensos. Sus pensamientos la llevaron al primer encuentro oficial con él en un hotel discreto. Esa vez, NC la había recibido con su habitual seguridad, pero también con una advertencia.

“Hoy estás a prueba como mí sumisa,” dijo mientras cerraba la puerta detrás de ellos. Sus palabras, firmes pero llenas de misterio, la hicieron temblar, pensando que quizás no estaba a la altura. El ambiente estaba cargado de una tensión erótica que la hacía sentir viva como nunca antes.

Al recordar ese momento, una oleada de calor la recorrió. Después de que NC le enseñó algunas poses de sumisa y se cansó de jugar con ella, Bel le comentó que nunca nadie la había sodomizado, poniéndose colorada como era habitual en ella. NC respondió instantáneamente: "Esto es porque nadie lo sabe hacer bien como yo". Sin mediar tiempo, le ordenó que se pusiera en posición de perrita sobre sus rodillas y con las manos en un taburete que había en la habitación. Bel se sintió desnuda y expuesta, con sus partes íntimas a disposición; la sensación de incertidumbre era indescriptible.

NC, con extremado cuidado y paciencia, empezó a dilatarla hasta que, sin darse cuenta, Bel lo tenía todo adentro. En ese momento, sintió una mezcla de entrega y placer única, algo difícil de describir con palabras; algo que estaba esperando. El hecho de sentirse tan vulnerable la hizo tener un orgasmo intenso. NC hizo uso de esa parte tan íntima a su placer, sintiéndose orgulloso de ser el único que la había vulnerado de esa manera; siguió empujando cada vez más fuerte hasta que se corrió en un fuerte orgasmo.

Bel era tímida y le costaba expresarse en las sesiones, pero en esta ocasión al finalizar dijo: "Señor... puedo hablar". Si contesto NC... "Señor", repitió Bel tímidamente antes continuar -"pase lo que pase en el futuro está parte del cuerpo siempre va a ser solo suya". Al recordar esa parte de su vida le invadió la melancolía.

Bel cerro el libro abruptamente, volviendo en si dijo.
- No puede ser casualidad. Esto es demasiado. 
Se levantó y se dirigió a la cocina para preparar un café, intentando despejarse. No había terminado de calentar el agua cuando escuchó el timbre del departamento.

Al abrir la puerta, se encontró con su novio, cargando una bolsa de facturas y sonriendo con esa ternura que tanto le gustaba.

“¡Sorpresa! Pensé que te vendría bien un descanso,” dijo, entrando sin esperar invitación. “Te traje tus favoritas, de dulce de leche y crema pastelera.”

Bel forzó una sonrisa. “Oh, gracias. No me lo esperaba.”

Él se sentó en el sofá, dejando la bolsa sobre la mesa. “¿Estás bien? Pareces un poco distraída.”

“Sí, es solo que he tenido mucho trabajo,” respondió mientras se acercaba y se sentaba a su lado. “He estado organizando los pedidos, ya sabes… el negocio va creciendo.”

“Lo haces genial, siempre lo he dicho,” comentó él, dándole un beso en la mejilla. “Aunque también deberías tomarte más tiempo para relajarte. ¿Qué te parece si el fin de semana vamos a algún lado? Podríamos escaparnos a la costa.”

Bel lo miró, tratando de ocultar su desconexión. Escaparme a la costa… Pensaba en todo lo que sucedía en su mente, en cómo cada señal la llevaba a replantearse sus deseos más ocultos. Pero sabía que él no podría entenderlo.

“Suena bien, lo hablamos en la semana,” dijo con evasiva, buscando una excusa. “Ahora tengo que terminar algunas cosas, pero gracias por venir.”

Él se quedó en silencio por un momento, mirándola con cierta melancolía. Finalmente, suspiró. “Pensé en quedarme a dormir, pero si estás con tantas cosas, no quiero molestarte.”

“Lo siento, amor. Es solo que… necesito concentrarme. Mañana también tengo una reunión importante.”

Él asintió, resignado. “Está bien, no pasa nada. Te llamo mañana.”

Le dio un último beso antes de marcharse. Bel cerró la puerta detrás de él y se apoyó contra ella, soltando un suspiro de alivio. ¿Por qué no puedo sentirme conectada como antes?

Con ganas de distraerse, se acomodó en el sillón y encendió la televisión. Encontró una de sus series favoritas, una de esas películas cargadas de erotismo que siempre la habían atraído. La protagonista, una actriz de rasgos exóticos, tenía una sensualidad magnética que la seducía desde la pantalla. Bel no pudo evitar pensar en Sofía. Había algo en la manera en que esa mujer se movía, en cómo miraba directamente a la cámara, que le recordaba a su nueva amiga.

Las escenas de la película la envolvieron por completo. Los personajes exploraban sus deseos sin restricciones, cruzando límites que siempre habían fascinado a Bel desde su adolescencia. Cerró los ojos por un momento, dejándose llevar por las imágenes y las sensaciones que evocaban. El nombre de Sofía apareció fugazmente en su mente, acompañado de un susurro: persigue tus sueños.

El sonido de los créditos la sacó de su ensoñación. La pantalla quedó en negro, y el silencio del departamento le resultó casi abrumador. ¿Qué me está pasando? Se llevó las manos al rostro, intentando encontrar respuestas, pero las preguntas seguían acumulándose.

Finalmente, se dirigió a la habitación, se despojó de la ropa y se metió en la cama. Esta vez no había sueños ni señales, solo un cansancio profundo que la arrastró hacia un sueño pesado.

miércoles, 29 de enero de 2025

Capitulo 25

 Bel despertó con el sueño de la noche anterior en su mente. Por más que intentara dejar atrás el pasado, todo parecía llevarla de vuelta a NC. Los recuerdos, las emociones, y esas sensaciones tan intensas se negaban a soltarse de su piel. Se frotó los ojos y suspiró, intentando despejarse. Esto no puede seguir así, se dijo, pero en el fondo sabía que esas palabras no eran más que una excusa.

Mientras se preparaba un café, su mente vagó hacia la visita de Sofía. Realmente había disfrutado de esa conexión inesperada. Había algo en ella, en su manera relajada de hablar, en su capacidad para abrirse sin tapujos, que la había dejado desarmada. Pensó en todo lo que se habían contado, en las risas compartidas. ¿Debí haberle contado más sobre mi pasado?, se preguntó, mordiéndose el labio inferior. Pero la vergüenza y el miedo a ser juzgada aún la retenían. Quizás… no era el momento.

Para ahogar esos pensamientos, se sumergió en su refugio: el mundo de los chocolates. Durante horas se dedicó a preparar nuevas recetas, moldeando formas perfectas, mezclando aromas exóticos. El proceso era casi meditativo. El brillo del chocolate líquido, el aroma dulce que envolvía su taller, todo contribuía a calmar sus pensamientos… al menos por un rato.

El teléfono vibró en la mesada, interrumpiendo su concentración. Era un mensaje de su novio.

“¿Puedo pasar más tarde? Me gustaría verte.”

Bel sonrió con ternura, pero también con un toque de resignación. Lo quería, lo sabía, pero había algo en ella que seguía desconectado. Quizás por eso las fantasías persistían. Quizás por eso el nombre de NC todavía rondaba en su mente. Le escribió una respuesta breve:

“Es día de semana, amor. Estoy con mucho trabajo. Lo dejamos para el fin de semana, ¿te parece?”

La respuesta llegó rápido. “Está bien, no te preocupes. Te extraño.”

“Yo también,” respondió, aunque sentía que las palabras no tenían el peso que deberían. Sabía que él se esforzaba por mantener la relación estable, por ser un apoyo en su vida, pero… ¿y si la estabilidad no era suficiente para ella?

Después de terminar con los pedidos del día, Bel decidió que necesitaba despejarse. Se vistió con ropa cómoda, se ató el cabello en una coleta alta y se dirigió al gimnasio. La rutina de ejercicio la ayudaba a liberar tensiones, y esa tarde, más que nunca, necesitaba mover su cuerpo para silenciar su mente.

Al llegar, sus ojos recorrieron el lugar con una mezcla de expectativa y nerviosismo. Esperaba, casi sin darse cuenta, cruzarse con Sofía. Quería volver a hablar con ella, a sentir esa chispa de complicidad que tanto le había gustado. Mientras caminaba hacia las bicicletas estáticas, se prometió a sí misma que, si la encontraba, esta vez sería más abierta. Tal vez era hora de dejar de huir.

Pero Sofía no estaba.

Bel se dijo a sí misma que no era para tanto. Seguramente tenía otros compromisos. Intentó concentrarse en el ejercicio, pero no pudo evitar mirar alrededor de vez en cuando, con la esperanza de que apareciera. Sin embargo, la clase terminó, y no hubo rastro de ella.

Salió del gimnasio con una mezcla de decepción y frustración. El aire fresco de la tarde la recibió con suavidad, y mientras caminaba de regreso a su casa, se dio cuenta de lo cargada que estaba su mente. Necesitaba calmarse, enfocarse en lo que realmente quería para su vida. Pero… ¿cómo hacerlo cuando todo parecía recordarle lo que había dejado atrás?

Al llegar a casa, se despojó de la ropa sudada y se metió bajo la ducha. El agua caliente caía sobre sus hombros, relajando cada músculo tensado. Cerró los ojos, dejando que las gotas se llevaran consigo todas sus preocupaciones… o al menos, lo intentaba. Los pensamientos seguían ahí, insistentes: NC, Sofía, las señales en sus sueños, el libro sobre la mesa.

Cuando salió del baño, con el cabello húmedo y envuelta en una bata, se dirigió al sillón del living. Se dejó caer con un suspiro, abrazando un cojín mientras sus ojos se posaban, una vez más, en el libro. Por alguna razón, ya no lo veía con el mismo temor que antes. ¿Y si abrirlo era lo que realmente necesitaba? Pensó en Sofía y en la curiosidad que había mostrado por el libro, en la manera en que se había interesado por sus historias.

Suspiró de nuevo, intentando poner orden en sus emociones. No quería remover el pasado, pero tampoco podía seguir negando.

Apagó las luces del living, dejó el libro en su lugar, y se acurrucó en el sillón. Tal vez el día no había salido como esperaba, pero el simple hecho de haber enfrentado sus dudas y sus miedos le daba una ligera sensación de alivio. Mañana será otro día, pensó antes de cerrar los ojos, sintiendo una calma inusual que la acompañó hasta quedarse dormida.

martes, 28 de enero de 2025

Capitulo 24


El sol de la mañana iluminaba el pequeño taller de chocolates de Bel, haciendo que el brillo de los moldes y los utensilios de acero relucieran como si estuvieran hechos de plata. Había dedicado la mayor parte de su tiempo libre a transformar ese espacio en un lugar que reflejara su pasión. Todo estaba en su lugar: desde las cajas cuidadosamente apiladas en una esquina hasta las etiquetas que ella misma había diseñado, listas para adornar los pedidos. Era un lugar que hablaba de su esfuerzo, su creatividad y su dedicación.

Sofía llegó puntual, luciendo una sonrisa que parecía iluminar más que el sol que entraba por la ventana. “Wow, esto es increíble,” dijo mientras sus ojos recorrían cada detalle del taller. “Es como un pequeño paraíso del chocolate.”

“Gracias,” respondió Bel, sintiendo cómo un leve rubor le subía a las mejillas. “Es mi refugio, mi lugar favorito.”

Sofía se acercó a una bandeja donde Bel estaba trabajando en unos bombones de caramelo salado. “¿Haces todo esto tú sola?” preguntó con admiración.

“Sí, todo,” respondió Bel, levantando un molde para mostrárselo. “Desde los sabores hasta los empaques. Es agotador, pero vale la pena.”

Durante la siguiente hora, Bel le mostró a Sofía todo el proceso, desde cómo templaba el chocolate hasta cómo rellenaba los moldes con precisión. Sofía la observaba fascinada, haciendo preguntas que mostraban su curiosidad y admiración.

“Siempre he querido aprender a hacer algo así,” confesó Sofía mientras probaba uno de los bombones recién terminados. “Pero creo que no tengo el talento ni la paciencia.”

Bel sonrió. “No se trata de talento, solo de práctica… y de mucho amor por lo que haces.”

La conversación fluyó con naturalidad. Hablaron de sus vidas, de los lugares que querían visitar y de las cosas que las apasionaban. Descubrieron que tenían gustos similares en música y películas, y Sofía se rió al darse cuenta de que ambas compartían una fascinación por las novelas de misterio.

Fue cuando se sentaron a tomar café en el living que la conversación tomó un giro inesperado. Sofía, con su curiosidad habitual, notó el libro que descansaba en la mesita. “¿Qué es esto?” preguntó, tomando el volumen en sus manos.

Bel sintió una punzada de nerviosismo. “Es solo un libro viejo que encontré,” respondió, quitándole importancia, aunque el nudo en su estómago le decía que no podía escapar tan fácilmente.

Sofía pasó los dedos por la cubierta desgastada y levantó la vista con una sonrisa traviesa. “¿Es una novela? ¿Una de esas historias… diferentes?”

“¿Diferentes cómo?” preguntó Bel, evitando a propósito responder directamente.

“Ya sabes,” dijo Sofía, bajando ligeramente la voz como si estuviera compartiendo un secreto. “Historias que exploran los límites de lo… prohibido. Siempre me han fascinado. ¿Alguna vez viste esas películas de cine Z que pasan en los canales de cable a la madrugada?”

Bel se sonrojó instantáneamente y bajó la mirada, fingiendo acomodar su taza de café. La descripción de Sofía era exacta a lo que alimentaba sus fantasías desde que era adolescente. Pero decirlo en voz alta, admitirlo frente a ella, era un paso que no estaba segura de querer dar.

“Quizás… alguna vez,” dijo finalmente, tratando de sonar casual, aunque sentía que su corazón latía con fuerza.

Sofía sonrió como si hubiera entendido perfectamente. “Es que son fascinantes, ¿no crees? No por lo explícito, sino porque despiertan algo… algo que no siempre admitimos querer explorar.”

Bel asintió en silencio, sorprendida por lo mucho que resonaban esas palabras en ella. Nunca había hablado de esas cosas con nadie, ni siquiera con su psicóloga. Pero Sofía lo hacía sonar tan natural, tan libre de juicio, que por un instante pensó en abrirse completamente.

“¿Y este libro?” continuó Sofía, hojeando las páginas con curiosidad. “¿Es una de esas historias?”

Bel no supo qué responder. La imagen de NC, de los sueños recientes, de todo lo que había tratado de enterrar durante años, pasó fugazmente por su mente. “Es una historia complicada,” dijo finalmente. “Digamos que tiene muchos matices.”

Sofía dejó el libro a un lado y tomó otro sorbo de café, observándola con esa mirada cálida que parecía invitarla a compartir más. “Me encantaría leerlo algún día. Quizás también me inspire. Siempre me han intrigado los límites de las historias que desafían nuestras ideas preconcebidas.”

Bel tragó saliva, sintiendo cómo una conexión instantánea se formaba entre ellas. No se trataba solo de las palabras, sino de la manera en que Sofía parecía entenderla sin que ella tuviera que explicar demasiado.

Cuando Sofía se despidió, dejando un rastro de su perfume en el aire, Bel cerró la puerta con una mezcla de alivio y agitación. Se giró hacia la mesita del living, donde el libro seguía reposando, y por primera vez en mucho tiempo no lo vio como una amenaza, sino como una invitación.

Casi sin pensarlo, tomó el libro y lo abrió. Sus ojos recorrieron las páginas, deteniéndose en las ilustraciones que parecían sacadas directamente de sus sueños. Había imágenes de castillos, de mujeres atadas con cuerdas finas y de símbolos que le resultaban inquietantemente familiares. Todo estaba relatado en una caligrafía antigua, perfectamente diagramada, como si cada palabra hubiera sido escrita con un propósito claro.

Algo que le llamó especialmente la atención fue la ausencia de un autor. “Es raro,” pensó, mientras pasaba una página tras otra, tratando de encontrar alguna referencia que explicara el origen de ese libro. Pero no había nada, solo esas imágenes y relatos que parecían conectarla con algo más grande.

Finalmente, dejó el libro sobre la mesita, se levantó, respiró profundamente y se dirigió a la cocina para preparar la cena. Los aromas cálidos de las especias y el sonido del agua hirviendo llenaron el espacio, devolviéndola a la rutina.

Esa noche, después de cenar y ordenar todo, Bel se acostó en su cama, tratando de apagar los pensamientos que rondaban su mente. Pero apenas cerró los ojos, el sueño la arrastró nuevamente a ese mundo que no podía controlar.



Bel estaba atada de manos, reclinada sobre una tarima, en el centro de la sala, su cuerpo semidesnudo estaba expuesto y vulnerable, cada curva y ángulo iluminado por el suave resplandor de las velas. NC, su amo y señor, se paseaba lentamente alrededor de ella, la fusta en su mano, sus ojos recorriendo su cuerpo como si fuera un territorio por conquistar.


Bel trataba de hablar, pero las palabras no salían. Solo podía mirarlo, atrapada en ese momento. NC levantó una mano y, con un gesto la señalo. “Esto es lo que pasa cuando te olvidas de quién eres,” le dijo a bel.

Antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo apareció Sofía, con su sonrisa cálida, acercándose lentamente. Puso una mano sobre el hombro de Bel y le susurró: “Persigue tus deseos, no los ignores.”

Acto seguido, Sofía le estaba sosteniendo las muñecas con fuerza, en su rostro se observaba una sonrisa cálida y perversa alismontiempo. "Déjate llevar, Bel," susurró ella, con su voz angelical.
NC levantó la fusta y la dejó caer sobre sus nalgas.Bel jadeó, su cuerpo se arqueo con el golpe, sintiendo un latigazo mezcla de dolor y placer.
 
"Uno," contó Bel, con voz temblorosa pero decidida. Sofía apretó más sus manos, dándole fuerza.
 
Una y otra vez, NC azotó a Bel, cada golpe dejando su piel cada vez más colorada, cada latigazo llevándola más alto, empujándola más lejos. Bel contó cada golpe,  en su voz se la  sentía cada vez mas resignada a su destino.

"Veinte," jadeó Bel, su cuerpo temblando, sus piernas apenas sosteniéndose. "Por favor," suplicó Bel, "Lo necesito dentro de mí. Por favor, mi señor."
 
NC dejó caer la fusta y se acercó a Bel, acaricio con sus manos  sus nalgas enrojecidas, su piel estaba caliente. Sofía observaba.
 Bel gritó cuando NC la penetró, su cuerpo temblo recordando una pasión que se había obligado a olvidadar de sentir. Él comenzó a moverse, cada acción llevándola más alto, empujándola más cerca del orgasmo.
 
"Mi señor," jadeó Bel, con su voz entrecortada. "Puedo acabar... por favor"
 
NC dijo algo que bel no logró entender, su cuerpo se tensó sobre su propio clímax alcanzando junto a ella. 



Bel se despertó sobresaltada, con la respiración agitada. Miró hacia la mesita, donde el libro seguía esperándola, como si fuera un testigo silencioso de todo lo que estaba viviendo. No podía negar que algo dentro de ella estaba cambiando. "De nuevo", pensó, mientras pasaba una mano por su frente húmeda de sudor.

Se sentó en el borde de la cama, dejando que la luz tenue del amanecer iluminara el cuarto. Durante unos minutos, se quedó inmóvil, mirando el libro como si estuviera evaluando si debía abrirlo una vez más. Era como si el objeto tuviera vida propia, como si le hablara en un idioma que solo ella podía entender.

Finalmente, suspiró, dejando que el aire escapara de sus labios como si liberara algo más profundo. “No ahora,” se dijo en voz baja. “Hoy tengo que volver a ser yo.” se dio vuelta y se quedó en la cama remolineando.