Mi perrita sufre de una manía que no comprendo. Cuando salimos a pasear, con ímpetu se lanza desesperada a la calle y camina coqueta con un vaivén de caderas que hace que todas las miradas se posen en ella, a los halagos les devuelve una mirada tierna y para aquellos conocidos alguna gracia mimosa cuando entra en confianza.
Pero a medida que avanzamos, su paso se va haciendo lento y constantemente mira hacia atrás. La llamo y viene a regañadientes, después de dos pasos vuelve a su anterior postura de detenerse y mirar hacia atrás buscando algo. Para esta altura empiezo a jalar la correa (cosa que odio, no me gusta obligarla a caminar) y la llamo apurándola. Ella me mira y mira hacia atrás, le respondo la mirada, curiosa volteo la mirada también pensando en que haríamos más rápido si existiera un espejo retrovisor para perros.
No veo nada.
Retomo la lucha de llamarla, darle mimos, pedirle que avance, pero me doy cuenta que cada vez camino más lento, ahora la que se detiene y mira atrás soy yo, los minutos se transforman en horas y las horas en días, el tiempo se alarga, se estira de forma infinita, interminable, ya no se si es el pasado o el presente, este eterno deja vu que nos une.
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Te extraño, no existe el imperativo para los sentimientos, no puedo extrañarte menos ni dejar de hacerlo.