sábado, 29 de marzo de 2025
jueves, 27 de marzo de 2025
Previa a la sesión
Mi sumisa,
Antes que nada, prepárese como le digo para su próxima sesión: cuando llegue el día, quiero verla con anteojos de ver, pollera corta y camisa blanca. Así la estoy imaginando mientras escribo esto, tímida con el pelo atado pensando en cómo voy a empezar. Hace rato que no la tengo cerca, y esa espera ya me pone ansioso. Esta carta es para que se prepare en cuerpo y alma, porque la próxima sesión va a ser especial, de esas que quedan grabadas. Este espacio, es un momento nuestro, y quiero que lo sienta con cada palabra que lea, que se le acelere el pulso pensando en lo que puede pasar.
Cuando lleguemos a la sala manténgase en silencio escuchando mi primera orden. Mis ojos la van a buscar, suaves pero firmes, como siempre que la miro y sé que es mía. Voy a empezar por su cuello, mirándolo despacio, siguiendo esa línea que se tensa cuando respira hondo, imaginando ya cómo va a temblar bajo mi tacto. Después bajaré a sus pechos, deteniéndome ahí, viendo cómo se excitan, cómo se dibujan bajo esa camisa blanca . Seguiré más abajo, observando su sexo, sin apuro, dejando que se pregunte qué pienso, qué quiero, estaré observando su vergüenza, esa parte que sé que la hace sonrojar —la voy a mirar con calma, con deseo y con una intensidad que la va a dejar sin aire, preguntándose cuándo voy a actuar.
Y entonces me acerco, pero no le digo nada todavía. Mis manos van a empezar suaves, casi un susurro contra su piel. Rozaré su cuello primero, lento, pausado, dejando que cada roce la haga desear más, que sienta cómo mis dedos dudan antes de apretar un poco, solo lo justo para que se estremezca. Bajaré a sus pechos, tocándolos con una calma que la va a desesperar, acariciando por encima de la tela, insinuando sin dar todo, haciéndola imaginar qué pasa si sigo. Cuando llegue a su sexo, voy a ser intenso pero medido, un toque firme que la sorprenda, que la deje queriendo, y luego me voy a detener, dejando que el silencio la coma por dentro. Su vergüenza me excita, la voy a rozar apenas, con una suavidad que la va a poner nerviosa, porque no sabrá si voy a ser dulce o si voy a cambiar el juego.
Sin aviso, voy a subir la apuesta. Un roce más fuerte en su cuello, una caricia pausada pero profunda en sus pechos, un contacto intenso en su sexo que la haga jadear, y cada insinuación va a ser un nudo más en su cabeza. Le pedire que se arrodille y me dé placer, quizás antes la ate o quizás le pida que se quite la bombacha, me dará placer ¿vestida o desnuda? no se son cosas que ira descubriendo sobre la marcha . Mis ojos no la van a soltar mientras lo hace, y si titubea, si se pierde, si se pone vainilla, le voy a dar unos azotes —no brutales, pero sí precisos, que le dejen la piel marcada, un rojo suave que pueda sentir después.
Si se porta bien, si me mira con esos ojos que me encantan y me da lo que le pido, la dejare rogar. Quiero esa voz temblando, esos ojos pidiéndome algo, esa entrega que se le escapa mientras se pregunta si voy a ceder o si la voy a hacer esperar más. Y cuando sienta que esta lista y que sus suplicas la van a hacer explotar, le voy dar placer —lento, profundo, llevándola al borde sin apuro. No le digo cómo —puede ser un beso que la estremezca, mis manos apretando justo donde sabe, un azote más suave que la sorprenda—, que lo piense, que se muera por saberlo -, o quizás lo que ud. tan insistentemente me va a pedir, a esta altura ud querrá que la penetre?.
Pero para esta sesión tengo un pedido especial, desde este momento, me complacería mucho que no se toque. Ni ahora, ni mañana, ni hasta que llegue el día. La quiero con todo guardado, con la cabeza dándole vueltas, el cuerpo ansioso, lista para mí y para nadie más. Que cada vez que le den ganas piense en la recompensa, lea esto sienta que está más cerca.
Dígame, mi sumisa, ¿podrá cumplir lo que le pido? Prepárese, porque voy a tomarla con todo lo que siempre desea, pero lo voy a hacer como a mi me plazca, y quiero que tiemble de ganas de solo pensarlo.
Espero con ansias el dia de la sesión, Su señor